martes, 27 de enero de 2015

Promesa infinita.

Hola.
Solo quería decirte que te amo, mucho.
Aunque no leas esto... De todos modos, quiero escribirlo.
Porque es lo que siento.
Quisiera poder amarte en todos los sentidos que existan, desde lo más profundo de mi ser.
Llenarte con mi amor, envolverte, nunca soltarte. Quiero hacerte volar con mis sentimientos, transmitirte mi amor más profundo.
Te amo, mucho.
Es triste. Me da tristeza de que te arrepientas de mi.
Aunque, a pesar de todo lo que ha pasado, no me arrepiento de haberte conocido. No me arrepiento de haberte dado todo lo que te di, y te daría más, mucho más.
Ahora, no me arrepiento de absolutamente nada. 
Tal vez me gustaría que todo fuera diferente de una manera en la que ahora puedas estar conmigo, pero si así tiene que ser, aceptaré este destino. ¿Sabes? Yo creo que en un futuro tú estarás de nuevo en mi vida, y no quiero sonar egocéntrica,  es lo que creo, lo que quiero, lo que espero, lo que sueño. Cuando, dejemos algunas cosas atrás, cuando maduremos más... Cuando estemos mejor, los dos. Te seguiré amando, lo prometo. Te amaré por siempre, como te dije, como te prometí, estoy segura de ello. 
No me arrepiento de ningún beso, ningún abrazo, ningún rose, de cada palabra que vino desde mi corazón, no me arrepiento de lo que paso, porque fui feliz, me hiciste feliz, como nadie jamás lo hizo.
Por quien eres, por cómo eres, por lo que sos, por todo, te amo.
Me gustaría abrazarte, y susurrarte desde lo profundo de mi alma esa promesa.
Llegará alguien más a tu vida, lo sé, tal vez a la mía también, no lo sé. Pero eso no cambiará nada.
Lo único que sale de mis labios, de mis pensamientos, de mi alma.
Te amo, como mi promesa infinita.

viernes, 23 de enero de 2015

Música y pensamientos.

Siempre me avergoncé de varias cosas que me gustaban. Siempre intenté cambiar, acoplarme a todos, sentirme dentro del grupo.
Siempre me avergoncé de mis artistas favoritos, porque no eran los mismos de mis amigos o de mis compañeros.
Siempre me avergoncé de varias cosas que me gustaban.
Me avergonzaba de lo que comía.
Me avergonzaba de mi familia.
Me avergonzaba de mi hogar.
Muchas veces intenté cambiar para parecer mejor.
Muchas veces busqué escapar de lo que en realidad era, de lo que en realidad me agrada, de lo que en realidad sentía, de lo que en realidad soy.
Y me perdí.
Dentro de tantos cambios en mi vida, me perdí a mi misma.
Ahora... Ahora, no sé quién soy.
Pero, a la vez sigo estando cerca. Porque estoy dentro mío, no fui a ninguna parte. Siempre estuve dentro de mi. Estoy perdida en mi.
Dentro de tantas cosas, tantas imágenes, géneros, personas, gustos, ideas... Dentro de tantas cosas nuevas, bajo todo eso, sigo estando yo.
¿En qué momento deje de soñar como antes lo hacía?
Deje de volar, y me asenté en una colina donde todo es paz, empezando a convivir con la tierra, con lo que me rodea, dejando bajar mis alas.
¿En qué momento ocurrió?
Tanto dolor me hizo querer escapar, porque siempre fui igual. Fui alguien débil que buscaba lo fácil, buscaba no sentir emociones fuertes que me puedan dañar. No quería más daño emocional ni físico. Sólo quería lo que ahora tengo.
¿Qué logré?
Perder mis alas, eso logré.
Perderme a mi misma, eso logré.
Ocultarme, filtrándome con las personas de mi alrededor, aparentando ser uno de ellos, aplastándome a mi misma una y otra vez.
No sé cómo encontrarme.
Estoy tan lejos y a la vez tan cerca de mi.
Estoy cerca cuando escucho música vieja, cuando recuerdo. Ahí es cuando me siento yo, cuando dejo de escuchar la música que hace poco escucho, música que introduje con los cambios.
Estoy lejos cuando veo cosas que no me gustan del todo, cuando escucho temas que en realidad solo los escucho porque es lo que ahora todos escuchan, cuando quiero leer algo que en realidad no quiero, cuando me engaño diciendo que me gusta o gustará.
Por eso, escucho música vieja. Me ayudan a encontrarme con una parte mía que enterré, y porque me hacen feliz de una extraña manera.
Feliz de una extraña manera que no siento cuando sólo estoy tranquila y en paz, diciéndome que estoy feliz.
Por eso escucho música, para ayudarme en mi búsqueda, para estar un rato feliz de una extraña manera, y para pensar.
Por eso, me siento encantada con la música.

domingo, 4 de enero de 2015

Hoy.

No conocen mi pasado, no me prejuzguen.
No saben cuanto lucho ni cuanto luché.
No cambié de cuerpo, ni de espíritu ni mucho menos de alma. Sigo siendo la misma, solo que con cambios.
Cambios.
Me gustan los cambios, ¿saben por qué? Porque me hacen sentir nueva.
Y lo nuevo es, algunas veces, mejor que lo viejo.  Lo nuevo no está contaminado, es puro, sin manchas ni grietas.
Nunca seré así realmente, siempre habrá una pequeña mancha, o una grieta.
No me importa. No soy perfecta, nadie lo es.
Pero yo quiero ser mejor de lo que soy.
Quiero seguir creciendo como individuo en este mundo, como persona.
Soy una niña, que hace poco salió de uno de los peores hoyos que se puede meter un adolescente a esta edad.
Estuve bastante allí, sólo pido entendimiento, no que me comprendan.
Es difícil dejar algo atrás, como se habrá visto ayer.
Que emociones del pasado te ataquen junto a emociones del presente, todas a la vez; que te falte el aire, sentir ahogarse.
Lamento haber estado cerca del teclado en aquel momento y que otros se vean afectado por aquello.
Hoy me siento mejor, por si a alguien le interesa.
Hoy estoy mejor que ayer.
Y en realidad el Hoy es lo que importa, no el ayer, ni tampoco el mañana.
El Hoy es el presente.
Lo que haga Hoy influirá en el futuro, no viceversa.
Hoy me siento bien.
Más tranquila, más segura, más en paz.


sábado, 3 de enero de 2015

Lucha.

La verdad, es que cada recuerdo del pasado quiere volver a atacarme, quiere volver a pegarme como tantas veces lo hizo.
Hoy en día no peleo, no impido, dejo que siga, que me siga consumiendo esta adicción.
Olí a sangre.
Cerré los ojos y recordé.
Recordé su sabor, su textura.
Recordé como fluía.
Y quise revivir aquellos recuerdos.
Y me paré.
¿Qué pienso?
Me pregunté.
El deseo sigue estando.
Lo que antes anhelada ahora está en silencio, pero está.
Me veo, me miro, ¿por qué? No puedo dejar esto atrás.
Me oculto, oculto todo esto tras una máscara. Fingiendo que todo está bien, haciéndome creer a mi misma que todo está bien.
Pero no estará bien si no dejo atrás, donde debe quedar, todo esto.
Y el problema es que no lo peleo, no lo impido, dejo que me siga consumiendo esta droga, adicción, que no puedo dejar atrás.
Intento ocultar los rastros de aquello,
pero tarda tanto,
no siempre soy constante,
no desaparece.
Quisiera gritar, gritos mudos que nadie escucha, porque no dejo escucharlos.
Porque no quiero pena,
no quiero preocupación,
no quiero molestias.
Lo peor, es que piensen que te quieres hacer la victima, la deprimida, que sólo quieres llamar la atención.
Muchos lo hacen por eso. Algunos no se dan cuenta.
Pero varios se equivocan cuando generalizan a todos.
Y no todos somos así,
yo soy diferente.
Tengo que autovalerme. No tengo que esperar a que alguien venga a mi rescate.
Soy yo, la de la vida. Tengo que luchar en mi vida, sola, porque es mía.
¿Quieres ver la luz? Búscala por tu cuenta, que todo es mejor del fruto de uno mismo.
Yo sé, espero, que algún día todo esto quede pisado, quede en el pasado, quede cubierto, y que solo deje las enseñanzas, y que no moleste más.
Lucha por eso.