viernes, 23 de enero de 2015

Música y pensamientos.

Siempre me avergoncé de varias cosas que me gustaban. Siempre intenté cambiar, acoplarme a todos, sentirme dentro del grupo.
Siempre me avergoncé de mis artistas favoritos, porque no eran los mismos de mis amigos o de mis compañeros.
Siempre me avergoncé de varias cosas que me gustaban.
Me avergonzaba de lo que comía.
Me avergonzaba de mi familia.
Me avergonzaba de mi hogar.
Muchas veces intenté cambiar para parecer mejor.
Muchas veces busqué escapar de lo que en realidad era, de lo que en realidad me agrada, de lo que en realidad sentía, de lo que en realidad soy.
Y me perdí.
Dentro de tantos cambios en mi vida, me perdí a mi misma.
Ahora... Ahora, no sé quién soy.
Pero, a la vez sigo estando cerca. Porque estoy dentro mío, no fui a ninguna parte. Siempre estuve dentro de mi. Estoy perdida en mi.
Dentro de tantas cosas, tantas imágenes, géneros, personas, gustos, ideas... Dentro de tantas cosas nuevas, bajo todo eso, sigo estando yo.
¿En qué momento deje de soñar como antes lo hacía?
Deje de volar, y me asenté en una colina donde todo es paz, empezando a convivir con la tierra, con lo que me rodea, dejando bajar mis alas.
¿En qué momento ocurrió?
Tanto dolor me hizo querer escapar, porque siempre fui igual. Fui alguien débil que buscaba lo fácil, buscaba no sentir emociones fuertes que me puedan dañar. No quería más daño emocional ni físico. Sólo quería lo que ahora tengo.
¿Qué logré?
Perder mis alas, eso logré.
Perderme a mi misma, eso logré.
Ocultarme, filtrándome con las personas de mi alrededor, aparentando ser uno de ellos, aplastándome a mi misma una y otra vez.
No sé cómo encontrarme.
Estoy tan lejos y a la vez tan cerca de mi.
Estoy cerca cuando escucho música vieja, cuando recuerdo. Ahí es cuando me siento yo, cuando dejo de escuchar la música que hace poco escucho, música que introduje con los cambios.
Estoy lejos cuando veo cosas que no me gustan del todo, cuando escucho temas que en realidad solo los escucho porque es lo que ahora todos escuchan, cuando quiero leer algo que en realidad no quiero, cuando me engaño diciendo que me gusta o gustará.
Por eso, escucho música vieja. Me ayudan a encontrarme con una parte mía que enterré, y porque me hacen feliz de una extraña manera.
Feliz de una extraña manera que no siento cuando sólo estoy tranquila y en paz, diciéndome que estoy feliz.
Por eso escucho música, para ayudarme en mi búsqueda, para estar un rato feliz de una extraña manera, y para pensar.
Por eso, me siento encantada con la música.

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